El infierno cántabro: la realidad

Mónica Martín. 21/6/2017

Entre las paredes de Decathlon, un grupo de personas que sueñan a lo grande planearon en enero un diario de viaje del que no dudé por un momento ser partícipe. “Hacemos accesible el deporte al mayor número de personas”, pues hagámoslo tangible y en equipo, en uno de los eventos deportivos más duros del país: los 10.000 del Soplao.

Elena va a ser la primera mujer que intente superar el Soplaoman, un triatlón que consiste en realizar 10.000 metros de natación en aguas abiertas, 80 kilómetros de trail con más de 3.800 metros de desnivel acumulado y por último, 111 kilómetros de BTT.Ella está hecha de deporte, el pasado mayo cruzaba la línea de meta de la Ultramaratón del Soplao quedando segunda tras 18 horas, 34 minutos y 25 segundos corriendo. Ella no compite, ella “corre por los que no pueden correr, por la enfermedad de Duchenne, por la igualdad, por un mundo mejor en el que quepamos todos”.

Janire, que le dará un nuevo significado a la palabra lupus, enfermedad que padece, se encaminará hacia los 50 kilómetros de ruta a pie para demostrar que el deporte mejora las condiciones físicas y psicológicas de cualquier persona.

Aquí empieza una historia emocionante de estimulación continua, de calma y tempestad, de valor, fuerza, superación y EQUIPO. De seres humanos en estado puro que caminan y corren juntos hacia sus sueños.

Comienza la aventura

Parecía que el día nunca llegaría, sin embargo aquí estamos. 18 de mayo, cerramos la maleta y nos ponemos rumbo a Cantabria tras un largo día de trabajo. El camino se hace corto cuando las personas que te acompañan te regalan ese equilibrio que te hace soñar a lo grande. En nuestra cabeza solo hay dos cosas: deporte y ganas.

Despertamos entre las montañas de Los Tojos y nuestra primera parada es San Vicente de la Barquera. Aquí, un grupo de titanes se preparan para comenzar la primera prueba del Soplaoman: 10.000 metros de natación en aguas abiertas. Elena va a intentarlo, primera mujer (y no la última) en poner un pie en esta modalidad, ella hará que quiten el “man”.

Pistoletazo de salida con la que ya es la banda sonora de El Soplao, el Thunderstrack de ACDC. Mientras decenas de nadadores se aproximan al mar, Elena nos dedica una sonrisa y nos dice con sus ojos que lo va a conseguir. Y así fue, tras 4 horas y 25 minutos, sale del agua sin dejar de sonreír y todos los que estamos en la orilla nos estremecemos a la vez que aprendemos una lección muy valiosa, una de tantas en este viaje. “Heroína de carne y hueso”, sentencia Jarein, ciclista apasionado que llevará a cabo los 160 kilómetros de BTT.

Con la emoción todavía en el cuerpo, Elena se prepara física y mentalmente para la próxima prueba: el trail de 80 kilómetros con más de 3.800 metros de desnivel acumulado. El resto del equipo, que al día siguiente vamos a desafiar las montañas cántabras, recogemos los dorsales y nos dirigimos a Cabezón de la Sal, los corredores están a punto de salir.

Se respira deporte y humanidad. Lo mejor, sin duda, son las personas que arropan desde fuera. El evento del año trae consigo un pueblo entero volcado con los más de 10.000 deportistas que recorren sus valles para enfrentarse a algo más que a sí mismos.

En la profundidad de la noche, Elena, tras dar todo en cuerpo y alma, se retira de la prueba después de correr 40 kilómetros. Ella ya ha ganado y hay que celebrarlo. A veces, hay que “morir”, para renacer con más fuerza en el siguiente paso. Hay lugares a los que no es fácil entrar y hay lugares en los que, una vez que entras, ya no puedes salir.  “Nos vemos el año que viene, Soplaoman”.

Amanece el 21 de mayo, nos tiemblan las piernas de emoción, estamos a punto de emprender la ruta a pie. 50 kilómetros y más de 2000 metros de desnivel. Coincido con Janire en la cocina bien temprano, me tranquiliza sentir la textura de su energía y sus ganas de volar.” Hoy hay que hacer historia”. Por la enfermedad de lupus, por la enfermedad de Duchenne, por la espina bífida y por todos aquellos que no pueden correr. Suena el móvil, Jarein, que ya está tras la línea de salida de la ruta en BTT, quiere saber si estamos preparados, y sobre todo, si tenemos claro que hemos venido a disfrutar hasta que no podamos más. Todos con distintos sueños pero, desde el mismo suelo, hacemos nuestra en cada paso la tierra que pisamos.

Suena de nuevo ACDC, nuestro corazón late tan fuerte como los aplausos que nos dedican las personas que nos apoyan desde fuera y, sin darnos cuenta, ya estamos dando pasos hacia la inmensidad del monte cántabro.

Cada uno con su ritmo, pensamientos y fuerza interior observa y camina. En el kilómetro 20, me doy cuenta de que no hay que subestimar nunca a la montaña. El día es precioso, pero en cuanto sale el sol, el calor no da tregua. “Dosifica tu energía”, “acuérdate de beber agua aunque no tengas sed”, “come bien”, “estira de vez en cuando” y recuerda, cabeza, mucha cabeza. “¿Lo estás dando todo? Sí. ¿Puedes? Sí”. Pues sigue caminando, solo quedan 30 kilómetros más.

Caminamos solos, pero jamás nos sentimos solos. Llegamos al Alto del Toral, para nosotros, el Monte Innombrable. Algunos nos quedamos sin respiración al contemplar semejante desnivel. “¿Por ahí hay que subir? Ni de coña llego arriba”, “eso no es una montaña, es un castigo”. Algo nos cambia por dentro cuando llegamos a la cima, nos damos cuenta de que al Toral no hay que temerle, hay que respetarle, y más, cuando Elena espera arriba para darnos ese chute de energía que necesitamos para alcanzarlo.

Ya estamos todos. Elena emprende junto al equipo los 20 kilómetros de ruta que nos separan de la meta y ahora solo podemos disfrutar del camino como nunca antes lo habíamos hecho. Un pelotón de ciclistas nos adelanta y pensamos en Jarein, “¿le habrá ido todo bien?”. Pues claro, es un titán y este es el tercer Soplao que lleva en las piernas. Cierto, qué tontería.

Ya visualizamos Cos, ya casi marcamos el sabor del hogar con nuestros dedos. Bea, nuestro ángel de la guarda, nos está esperando en un puente precioso, se emociona al vernos. La espera desde fuera es muy dura y el reencuentro provoca liberación, alegría y orgullo. “Gracias por cuidarnos”. Nos quedan 5 kilómetros, no nos lo creemos.

Entramos en Cabezón de la Sal sobre las 9 de la noche, sentimos el calor del pueblo que 13 horas antes nos vio salir. Vemos el lazo verde del casco de Jarein y sonreímos, “ya estamos todos en casa”. Un equipo unido lo consigue. 10.000 metros de natación en el mar, 40 kilómetros de trail en la profundidad de la noche, 50 de trekking y 160 en BTT. Es difícil explicar la sensación que se forma con el escalofrío que recorre nuestro cuerpo al traspasar esa línea de meta. 

Busco a Janire, lo ha logrado. Ahora la palabra lupus, tiene otro significado. Su fuerza, calma y superación es valor de ejemplo. Esto es el Soplao, deporte y humanidad tan real como el gran desnivel del Alto del Toral. Ciclistas que se bajan de su propia bici en mitad de la ruta para cedérsela a otro ciclista que NECESITA acabar la prueba. Pedidas de mano al acabar los 160 kilómetros de BTT…  Porque señores, si creen que esto es un paseo por el monte están muy equivocados. Aquí se viene a sufrir y a disfrutar a partes iguales. Y sí, el amor es un gran motor y no dejamos de ver muestras de amor y solidaridad por cada rincón de nuestro alrededor. Qué maravilla.

Esas colinas, valles y senderos sacan lo mejor y lo más profundo de nosotros mismos. Hemos sufrido pero nos vamos pensando en volver. Regresamos a casa con una parte de nosotros aún en el Soplao, ya no volveremos a ser los mismos, ahora somos mejores. Y al día siguiente Kilian Jornet logra alcanzar la cima del Everest sin oxígeno artificial ni cuerdas fijas. Impresionante la fuerza y la luz propia que son capaces de generar algunos seres humanos.

Tenéis que tener claro que los que luchan con todas sus fuerzas hasta el final, tarde o temprano, cumplirán sus sueños. En estas personas reside la verdadera inspiración, y yo, tengo la suerte de que me rodeen los más grandes. Y ahora solo quiero seguir buscando nuevas montañas que escalar. Porque juntos, somos más fuertes.

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